jueves 21 de octubre de 2010

DESPEDIDA


__Hemos quedado a las una y son las siete de la tarde, así que llevamos seis horas bebiendo. Las salchichas no me han sentado del todo bien; ahora mismo tengo un tapón en la boca del estómago que me hace sudar como un cabrón. Alphonse está charlando con una camarera. Es gorda y simpática. No es mi tipo, pienso, y me levanto hacia el perchero.
__-¿Dónde vas? –pregunta Bergen.
__-Necesito zantac –digo, haciendo una mueca de disgusto mientras sitúo con estilo mi mano derecha sobre estas putas tripas.
__El comedor, de estilo rústico y no especialmente limpio, está prácticamente vacío. Seguramente, les joderá que sigamos aquí, ocupando la mesa y dejándolo todo hecho un asco.
__Busco mi chaqueta y saco la carterita del bolsillo interior.
__Me acerco a la barra y pido una cerveza.
__-Y me cobras. Todo.
__Me sirve la cerveza. Coloco una capsulita en la boca y bebo, con calma, mientras miro un bodegón colgado junto a las escaleras.
__-Quinientos ochenta y dos –dice el camarero.
__-Joder, ¿qué hemos roto?
__Me acerca la nota.
__No la miro. Saco veinte billetes de cien euros, cuento seis, los dejo sobre la barra y espero sin dar importancia a nada.
__El camarero, tenso, trata de no mostrarme qué infierno está viviendo, su patética existencia; coge los billetes y los mete en la caja, apresuradamente.
__Se gira y me deja las vueltas en un platito de plástico que trata en vano de imitar madera.
__-Para ti -le digo.
__-Gracias.
__El muy idiota no ha tenido cojones de mirar si el dinero era falso. Preferiría perder dinero, o su puesto de trabajo, antes que quedar como un miserable desconfiado delante de mí.
__Así es la gente, pienso mientras me termino la cerveza, tontos del culo todos.
__La gorda se ha enfadado; ha perdido el brillo. Veo a Alphonse volviendo a la mesa, haciendo el payaso, disimulando la derrota.
__Vuelvo con mi grupo yo también. Siete amigos de la infancia que iban a cambiar el mundo, que hablaban de arte y política; que veían cine clásico y leían filosofía. Que creían en la revolución, en la que fuera, joder, nos hubiera valido cualquier cosa. Cualquier cosa menos esto... Cojones, Dustin escribía poesía, Helmuth tocaba la guitarra española, éramos reyes... Y ahora, míranos, compramos coches, casas, jugamos al golf y curramos en bancos, en empresas de telecomunicaciones... Volker trabaja para la administración, no me jodas... Cuando tenía quince años era prácticamente un yonki que se cagaba en este país y su gobierno de subnormales...
__Hemos perdido todo, pienso.
__Somos mierda, pienso. El Sistema nos masticó y nos cagó. Burgueses, aristócratas, mierda.
__Putos viejos. Nos reímos las gracias y ocultamos detrás de esta ropa cara toda la infelicidad acumulada.
__Volker vacía otra botella de tequila mientras saca su blackberry porque necesita consultar su correo, dice. Volker... Que decía que era mucho mejor escribir a mano, que así pensaba mejor cómo debía estructurar cada frase.
__-Me follé a Leyna –le digo.
__Todos callan.
__-¿Qué? –pregunta.
__Y trata de sonreír.
__Pero no puede. Porque ya lo sabe. Pensé que esa zorra era capaz de guardar un secreto. Pero no, al final todas terminan cantando.
__-Oye...
__Creo que es Dustin quien me pone la mano en el hombro. Me la sacudo con un gesto.
__-Hace dos años, en verano –continúo relajadamente-. Tú estabas en Polonia, ¿recuerdas?
__-Cállate –dice Volker, serio, dolido.
__Pero no se levanta. Puto mamón domesticado. Hace quince años me habrías roto la nariz.
__-Una auténtica cerda... Enhorabuena –le digo, sabiendo perfectamente que no lo es; al menos, no con él.
__Helmuth bebe, ajeno a todo.
__Me levanto. Dejo un par de billete sobre la mesa y escupo sobre ellos.
__La pastilla ha funcionado.
__Cruzo el restaurante tratando de buscar algo que hacer, algo que romper , pero no soy capaz de improvisar nada.
__-Gorda –le digo a la camarera, justo antes de salir al exterior.
__Estoy algo mareado pero me siento mucho mejor. Va anochecer. Me caso dentro de dos semanas.
__Conciertos.
__Fiesta.
__Entro en una casa de putas y paso allí dos días.

Puedes descargar el vídeo aquí.

Publicado originalmente en Roncando en el Nostromo.

3 comentarios:

Meridiano Terrestre dijo...

Muy triste. Muy bueno.

Me gustó especialmente la frase en la que el amigo no quiere pegarle... Parece que es lo que más le duele al protagonista, como si prefiriera que le partieran el alma. Como si eso fuera mejor que la indiferencia, indiferencia que deja claro que tiene razón y se han convertido en la más absoluta lacra.

Buen rato el que me has hecho pasar, gracias.

Anónimo dijo...

Me quito el sombrero.

Anónimo dijo...

mi favorito. enhorauena.